LA
“MALDAD METODOLÓGICA” DE FRANCISCO BRUGNOLI. No haré una descripción general de los aspectos positivos de una exposición como la de la Bienal de Sao Paulo en el MAC. Esa es una buena tarea para los cronistas. Lo que importa es elaborar una lectura acerca de los efectos de una tal muestra y de las condiciones de garantización que pone en juego. En
el momento de escoger la obra de Spencer Tunick A menos que exista de parte del MAC una voluntariosa decisión de pasar la factura, respecto de una historia en la que tendría todo el interés por confundir las huellas programáticas dejadas por ciertas obras chilenas. Si se pone en relación, ésta exposición, con otras, extranjeras, como la selección del Museo de Rochechuart, hace un par de años, o incluso, selecciones de algunos fondos regionales de arte contemporáneo, realizadas con mayor antelación aún, podremos plantear una hipótesis polémica -en filigrana- de la política estratégica de programación del MAC. Al menos, habrá que pensar que dentro de toda programación, se encuentra siempre una coherencia. Habría
una secreta determinación punitiva en las muestras extranjeras
del MAC, mediante la cual, las obras chilenas más significativas
del último período serían remedos de otras obras.
Al parecer, la operación se fundamenta en el valor de lo diferido,
para reestablecer la insistencia de una discursividad que repite los mismos
términos desde hace veinte años. En este sentido, no se
puede más que celebrar –con el respeto debido en esta polémica-
la coherencia de su director, que ha hecho de un texto escrito por él,
en 1989, el guión de fondo de su diseño museal. Solo le
hacía falta el aparato garantizador de un museo. El texto del que
hablo es Berlín-Berlín: ¿dónde estoy? (un
texto en dos tonos y tres impertinencias), que fuera publicado en el catálogo
Cirugía Plástica, exposición organizada por la NGBK
de Berlín, en 1989. En ese texto, Francisco Brugnoli En términos concretos, su estrategia discusivo curatorial estaría orientada a devolver al arte chileno las referencias de su “origen”. Ciertamente, un “origen” en el que cuya obra está directamente involucrada. Por eso, todo lo que proviene del MAC pareciera señalarnos las tareas que no habríamos cumplido. En el caso de esta selección de la Bienal de Sao Paulo, la espectacularización de la toma fotográfica de Tunick, introduce un elemento de ablandamiento de la tradición analítica que las obras chilenas de este último período han instalado. Vuelvo a insistir: me parece un error grave el haber incluído la obra de Tunick en la muestra de Sao Paulo, porque se trata de una operación de comunicación garantizada fragilmente por la musealidad y el galerismo, que desvía y desmantela, en definitiva, la mirada sobre obras que ponen en crisis con mayor rigor la impostura de la representación política de los medios y de las propias instituciones. ¿Dónde está la maldad de Francisco Brugnoli? En haberlo hecho, a conciencia, sabiendo que congelaba la conflictividad implícita en el resto de las obras de la selección. Y si no, ¿para qué invertir tanto esfuerzo de síntesis en editar, al instante, las intervenciones de los panelistas, en dos de las tres mesas redondas programadas para reproducir la resonancia de la muestra?. | |||||||||||||
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