LA
COYUNTURA EXHIBITIVA DE SEPTIEMBRE 2002. La de estas últimas semanas puedes ser considerada una buena coyuntura
plástica, rica en exposiciones que, a pesar suyo, resultan ser
de una gran rentabilidad analítica. José Balmes En 1985, cuando Balmes regresa y Couve "regresa", Lotty Rosenfeld ya ha instalado "su lugar en la historia" de la escena, mediante una estrategia de trabajos de intervención videográfica que, dicho sea de paso, permiten recuperar la autonomía y autoralidad de su obra, respecto de su pertenencia al CADA. El CADA no es Lotty; y, probablemente, la obra de Lotty no hubiera sido posible sin el CADA; sin por ello dejar de afirmar que Lotty posee una obra que la define en su propia autonomía. Pero en esos ensayos videográficos, en el mismo museo en que se ejecuta la "catequesis" sobre Couve, Lotty establece las máximas distancias formales que permiten comprender parte de las razones de la regresión que hace que Couve sea "actual". Así como se cruzan las relaciones entre Balmes y Couve, tanto en 1965 como en 1985, porque la historia no es un delirio de continuidad sino una poética discontinua que dinamografiza diversos saberes, del mismo modo, las obras de Lotty y de Cienfuegos se cruzan para terminar de fijar unas coordenadas que cierran la consistencia y fortaleza representativa de la escena. Las trasngresiones imaginales de Lotty son directamente proporcionales a la convención de corte que sostiene la obra de Cienfuegos. Este sería, el propio, "lugar de la historia", de Cienfuegos: el salón. Finalmente, en estos
cinco artistas, visibles en esta coyuntura, los ejes de distinción distributiva
siguen siendo dos: el salón y "lo público". Aunque entre
Couve y Cienfuegos hay, una diferencia: uno es el salón intimista de la
pintura chilena maníoaco-depresiva, mientras el otro correspopnde al salón
de la intriga narrativa trivial y palaciega. Es decir, que no se me entienda más
mal de lo que se entiende: lo palaciego en Cienfuegos corresponde al diagrama
de construcción paródica de su interiorismo que, en una ocasión,
me llevó a afirmar que, en el fondo, sin saberlo, éste realizaba
una ácida crítica a su propia clase de referencia. Pintura de lapsus.
He ahí su importancia. En cambio, la pintura de Couve arrastra el síntoma
declinado del primitivismo angélico en que la concepción de la historia
sostenida por las viudas lo ancla. De ese modo, no se debiera hablar, aquí,
de Couve, en sentido estricto, sino de los "operadores de Couve", en
la doble instancia de su producción como animita pictográfica y
como expresión de un trabajo de duelo irrealizado respecto de una pintura
chilena cuya pérdida no ha querido ser asimilada. | |||||||||||||
|
| ||||||||||||
Sitio Web desarrollado por ©NUMCERO-multimedia - 2002 [webmaster]
|