EL
FONDART QUEDÓ EN SEGUNDO PLANO. Hace un tiempo ya, cuando me correspondió escribir en Rocinante una nota sobre "la casa de vidrio", mencioné que el Fondart no necesitaba enemigos; que con los amigos que tenía le bastaba. Por cierto, me refería a la responsabilidad primera de los evaluadores en la calificación de los proyectos. Resulta complejo tener que defender obras mediocres o francamente malas, en el paquete general de defensa de la libertad de expresión. Y cuando se sostenga que se trata de obras de jóvenes inexpertos, se plantea la necesidad de disponer de una batería de argumentos destinados a enfrentar la arremetida de los sectores que habitualmente arremeten, cada año, en la época cercana a la votación del presupuesto, o en febrero, cuando hay "sequía" noticiosa. Si hacemos un estudio de todos los conflictos en que se vió involucrada
una decisión del Fondart, desde la tarjeta postal de Dávila
reproduciendo la pintura de Bolivar al interior de un proyecto de Duclos Teniendo una década de experiencia en la administración
de un fondo para el desarrollo de la cultura y de las artes, dicha estructura
no alcanzó el nivel de producción de una cobertura conceptual
de envergadura, al punto que las propuestas contenidas en el llamado "Proyecto
Squella", al momento de definir el destino de una política
de proyectos consursables, le pasaron "ideológicamente"
por encima. La principal responsabilidad del Fondart, en su dirección,
consistió, justamente, en el hecho de que fue una eficiente administración,
y no una conducción con perspectivas de política que lo
proyectara más allá de su permanencia burocrática
en la redes de poder y de influencia del Ministerio de Educación.
El agotamiento que significó el desarrollo paralelo de un proyecto
como Cabildos Culturales, fragilizó la pertinencia con que había
que postular la legitimidad de fondos concursables para el desarrollo
del campo artístico, subordinandolo ética y conceptualmente
al mantenimiento sustituto de programas de desarrollo comunitario. El
Fondart se fue fragilizando por la im-pertinencia estructural de su conducción,
al interior de un sistema que le tejió las trampas adecuadas para
la reproducción de su propia fragilidad institucional. La culpabilización
católica de la ideología de la "promoción popular",
re-incorporada como cruzada vocacional por la "voluntad vekemansiana"
de Claudio di Girolamo Desgraciadamente, Nivia Palma Me explico: cuando el Ministro Figueroa termina pidiendo disculpas al gobierno venezolano, señaló el rango de la debilidad de Nivia Palma para cualquier lucha por validar la autonomía del espacio artístico. ESE FUE UN MOMENTO MÁS GRAVE, CONCEPTUALMENTE HABLANDO, que la "sugerencia" de la Ministra Aylwin que, en su tono de "madre de Chile" desautoriza a Nivia Palma como quien trata a una adolescente que se ha tomado demasiado en serio una simple observación amenazante. La Ministra actuó como una directora de colegio ante una profesora rebelde. Así no puede haber debate. Este está cancelado por la naturaleza de las relaciones jerarquizadas entre los actores en función. Solo que en el comienzo del gobierno del señor padre de la actual ministra, en un país incestuoso como éste, Nivia Palma no podía aspirar a algo así como a un futuro orgánico sustentable. A condición, claro está, de haber transformado su administración en conducción. Ello hubiese implicado pasar cualitativamente de gestionar un procedimiento a establecer criterios de garantización, tanto del propio procedimiento como de la productividad de las obras involucradas. No basta con producir el gesto de editar una memoria de los diez años, sin haber desarrollado una "política de masas" en el "frente de la concursabilidad". Sobre todo, cuando no se posee un "padre institucional" de envergadura. Nivia Palma intentó desarrollar una política plebeya en el seno de una sociedad que vive con euforia su reoligarquización. En perspectiva, resulta más vergonzosa la posición del Ministro Figueroa, cuyo gesto se ha inscrito en la memoria artística intercontinental, donde se la cita como un ejemplo de ausencia de mediación e irrespeto de la clase política hacia el campo artístico. En esa ocasión, el Fondart no respondió al Ministro Figueroa. Donde manda capitán, no manda marinero. El peso político de los ministerios no está en juego en esta cuestión. Eso ya ha sido definido. Aparte de algunas declaraciones para el diploma de humanitarismo, los artistas ni polemizaron con él. Existiendo una gran cantidad de argumentos en su favor. Dejaron que ese precedente permitiera la apertura de todas las demás objeciones, a lo largo de una década. No ganaron en el terreno de las ideas. Le dejaron el terreno abierto para todo tipo de cuestionamientos, como si las disputas en torno a ese tipo de situaciones no tuviera antecedentes en otras partes del mundo. Pero allí estuvo el "bajo perfil" de una coordinación ministerial secundaria. Desde esta consideración, resulta extraño que Nivia Palma haya durado tanto tiempo en el cargo. Será preciso reconstruir la historia de las relaciones políticas, en la "internas" del Ministerio de Educación, para comprender el gesto de renuncia de Nivia Palma. Más aún, al hacerse visible el hecho de que con ella se va la "última" representante del PS que quedaba en el "aparataje" de Cultura. Lo que hace pensar que todo este "conflicto" no fue más que otra refriega entre "autoflagelantes" y "complacientes". Entonces, Nivia Palma no debió renunciar, porque el Fondart solo sería el marco de una lucha en la que se estaban jugando otras cuestiones. Los argumentos de los marinos y de los ciudadanos objetores de derecha nunca fueron suficientemente pesados. La autoridad superior podría haber hecho oídos sordos. Pero en esta ocasión, no lo hizo. Dejó que Nivia Palma se enredara sola. Enfin, en política, nadie se enreda solo. Había que colaborar con unas cuantas "pequeñas traiciones", conducentes a realizar un "pressing" para prolongar los cuestionamientos de los que ya había sido objeto, a propósito de las críticas de la División de Cultura a las observaciones que habían formulado parlamentarios al "Proyecto Squella". ¿No había sido, ya, una ocasión en la que la señora ministra había prohibido a Nivia Palma y Claudio di Girolamo participar en una asamblea de artistas que apoyaban una declaración contra la posición de los parlamentarios? Prohibición no será la palabra, sino tan solo interdicción de que la asamble se realizara en el territorio del ministerio. Cosas de fuerza. ¿Por qué, en esa ocasión, no renunció? ¿No era más grave, todavía, en instancias de que las observaciones parlamentarias desnaturalizaban el destino del Fondart? Había que esperar. ¿Esperar qué? Probablemente, Nivia Palma esperó demasiado y se confió en alianzas políticas que, en su momento, no se hicieron visibles. Para
colmo, la carta de renuncia no sostiene el texto de quien se va por motivos precisos.
Estos motivos aparecen recién en el cuarto o quinto párrafo, cuando
ya da curso a un relato confuso sobre "el me dijo, le dije yo", que
la hace correr el riesgo de ser, lisa y llanamente, desmentida por la ministra,
quedando todo en un nivel de "creencia" autoritariamente fundado. ¿Y
los agradecimientos a sus colegas? Que se sepa, ninguno de ellos hizo escuchar
su voz. En privado se dice que se dicen muchas cosas. Ya en situaciones anteriores
había ocurrido lo mismo. ¿Cómo confiarse tanto? Y luego,
la hipótesis de El Mercurio: "el segundo grito de Aguiló".
Con eso, la suerte estaba saldada. Nivia Palma no tendría autonomía,
porque sería utilizada como una plataforma de recibo para una nueva ofensiva
de La Moneda en contra del "documento Aguiló". En palacio no
se andan con pequeñeces para las indelicadezas. Forman parte de la causa.
Entonces, ¿Nivia Palma aspiraba a desencadenar un conflicto en el que se
pensaba que debía caer la ministra, ante las protestas concertadas del
"mundo de la cultura"? ¿Quién podría haber fraguado
semejante interpretación? No pasó nada. ¿Donde están
las voces del "mundo de la cultura"? El Fondart quedó en segundo
plano. En pleno conflicto del gobierno con el General Ríos, ayer, y hoy
día, en la turbia discusión sobre las "presuntas" coimas.
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