Miria Contreras
"La Payita"

PALABRAS SACAN PALABRAS: LOS EFECTOS
POLITICO-CULTURALES DEL VELATORIO DE LA PAYITA EN EL MUSEO DE LA SOLIDARIDAD.

Justo Pastor Mellado.
Noviembre 2002

El viernes 22 de noviembre escuchaba el programa de Fernando Paulsen en Radio Futuro, Palabras sacan palabras. Allí me enteré del fallecimiento de la Payita. Y Paulsen se tomó por lo menos un buen cuarto de hora para rendirle un homenaje. ¡Y qué homenaje! Habló casi tartamudeando, como si la articulación de la palabras le jugara en contra de la velocidad de sus pensamientos.

Partió diciendo que habría mucha gente, en ese mismo instante, que no dejarían de sentirse culpables por no haber alcanzado a pedirle disculpas a la Payita. Y recordó cómo fuera la mujer más denostada durante la dictadura y volvió sobre las declaraciones a propósito del suicidio de Allende, para rematar con la política concertada de discriminación política que la Payita había experimentado. Y de cómo, ella había respondido con la dignidad que corresponde.

En un momento de su discurso, Paulsen saludó el gesto de Carmen Waugh, Directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, por haber aceptado que velaran allí los restos de la Payita. Tiene que haber sido duro para Carmen Waugh. Una cosa es la Fundación Allende, otra cosa es el Museo de la Solidaridad. Nunca he podido aceptar conceptual y políticamente que el Museo de la Solidaridad sea una institución subordinada a la Fundación Allende. El propio Museo, debiera, constituirse, en términos estrictos, en fundación, para terminar con la asociación no suficientemente cuajada en el campo artístico, entre museo y familia.

Era un asunto, no solo de justicia, que se velaran allí, los restos de la Payita. Había una razón biográfica y política. Durante la Operación Verdad, en 1971, cuando numerosos intelectuales y artistas visitaron Chile, para intentar romper el cerco informativo de los medios nacionales e internacionales, José María Moreno Galván, crítico español, caminaba con José Balmes y otros invitados, por una calle céntrica de Santiago. Discutían, justamente, sobre la iniciativa de organizar una campaña de donación de obras para conformar la colección de un museo; un "museo para el pueblo de Chile". Llegaron frente a La Moneda y Balmes les dijo que podrían ir a comunicarle esa decisión al Presidente Allende. "¿Pero, como? Si no tenemos cita, no es posible.", fue lo menos que comentaron los invitados. Sin embargo, conducidos por Balmes, se dirigieron a La Moneda y pidieron hablar con la Payita, la que al enterarse del propósito de la visita, les sugirió esperar. Ella se encargaría. Y se encargó, por cierto. Al cabo de un rato, entre una entrada y salida, entre una reunión y otra, la delegación de intelectuales y artistas se encontró en el despacho del Presidente Allende, a quien le comunicaron, entonces, la creación del museo. Y así comenzó todo.

El critico e historiador del arte, Mario Pedrosa, brasilero, estaba exilado en Chile y le cupo coordinar la primera "recogida" de obras. Dicho sea de paso, Mario Pedrosa es uno de los fundadores del PT. El caso es que en 1971 abrigó la idea de enviar una carta a Picasso para que redestinara el Guernica a Santiago, al museo en formación. Sostenía que era una vergüenza que la obra estuviera en Nueva York, si los Estados Unidos convertían diariamente en Guernica a varias zonas del planeta. Lo menos que puede hacer Lula, cuando visite Chile, es realizar un homenaje a Mario Pedrosa. Al menos, no habrá sido cómplice, como Cardoso, también exilado en Chile, de la defección de los intelectuales.

Mario Pedrosa trabajaba en el Instituto de Arte Latinoamericano, de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. ¡Ah! ¡Cómo se arma la trama! La recolección de las obras pasa a ser asumida por la universidad. Por mandato institucional, al Instituto de Extensión de Artes Plásticas le correspondía la organización de los envíos chilenos al exterior. Era lógico entregar a la univesidad la tarea de recepcionar las obras "para el pueblo de Chile". Es decir, se planteó, desde un comienzo, la cuestión de la responsabilidad del Estado. No de una delegación por la vía de una fundación familiar. Entre otras razones, porque el espacio universitario era, en los hechos, un espacio de "institucionalidad cultural" en
actividad. Había una trama. La desventaja de la Comisión Squella, lo digo al pasar, reside en que carece de trama sobre la cual estampar una política de reproducción de las transferencias artísticas. Paso. No podía dejar de mencionarlo.

Pues bien: lo propio de la Facultad era armar el Museo de la Solidaridad. Y así lo hizo: la primera exposición tuvo lugar en el MAC. Habrá que investigar si Romera escribió al respecto. Tarea para estudiantes de historia. De todos modos, las obras quedaron en el MAC, durante toda la dictadura. Hasta el día en que a la propia Facultad de la dictadura se le ocurrió presentar parte de "su acervo", en el Instituto Cultural de Las Condes. ¡Que fiasco! Cayó el alcalde por ello. Gran parte de las obras presentadas provenían del Museo de la Solidaridad.

¿Hacia donde voy con esto? Sencillamente a recuperar un argumento que permite reponer bajo condiciones nuevas de interpretación, la frase "pueblo de Chile". Finalmente, ¿a quien pertenecen las obras del Museo Allende? ¿A la Fundación Allende? ¿Al Estado de Chile? ¿Es el Estado de Chile quien le ha delegado a la mentada Fundación, en comodato, la tuición de estas obras?

Todo se inició con una visita al Presidente. La Payita se había encargado de permitir esa reunión. Allende siempre estuvo preocupado personalmente de la marcha de la recolección y del arribo de las obras al país. ¿Quién las recepcionó, formalmente? ¿No le correspondió a la Universidad de Chile? Pero, en la Transición, ya no era la misma universidad. Cuando se articuló el ingreso del resto de las obras recolectadas durante el exilio se planteó el problema de su inscripción institucional. No había antecedentes culturales de ningún tipo para que la Fundación Allende se viera adjudicar una responsabilidad para la cual carecía de total expertizaje. Lo peor que le ha podido ocurrir al Museo de la Solidaridad ha sido
quedar a cargo de la Fundación Allende, porque en términos objetivos, le ha impedido su desarrollo como un "museo anómalo", de proyección y potencial extraordinario, inscrito en una estrategia de reposición activa, no solo de la memoria de Allende, como sujeto histórico, sometido al análisis respetuoso
y no menos objetivo de sus logros y fracasos políticos, sino como una instancia que se trabaja en el corte de un estado de la producción artística de los 70´s, como de sus proyecciones como museo del futuro. Entonces, preguntémonos por el plan de desarrollo para el Museo que la Fundación debiera tener en alguna parte.

Probablemente, hoy en día, en virtud de la fragilidad institucional de la propia Facultad que estuvo a cargo de su primera recolección, la solución no resida en "incorporarlo" a su estructura. Pero los abogados de la Universidad de Chile, que en el comienzo de la Transición, tuvieron en sus manos este problema, tendrían hoy día más de algo que decir. ¿O el Museo
de la Solidaridad, siempre fue, para la universidad, una "papa caliente"? De todos modos, a más de una década de su funcionamiento, falto de evaluación y de política de desarrollo, no queda clara todavía la relación de necesidad existente entre la Fundación Allende y el Museo de la Solidaridad.

Regreso al velatorio, para sostener que no hubo una corona, siquiera, del Partido Socialista. Que casi ningún miembro del comité central asistió, ni al velatorio ni a la despedida, en el cementerio. Complicado asunto, porque las ausencias, sobre todo de personeros de la Fundación Allende, hoy, son más significativas que los intentos de omisión. Tampoco estuvo presente casi ningún agente de la clase política. ¿Tanto poder posee, la Fundación Allende, en el seno del partido? Resulta curioso, en estos tiempos. Es la mejor manera de rebajar el estatuto político de una persona, por la vía del concepto "secretaria personal". Estaba Marambio, era lógico. Y gente del GAP. Pero además, Balmes, Cademartori, Volodia, Gladys Marín. Comunistas, se pensará. Claro que sí: los excluídos del sistema político siempre se encuentran. En los entierros. Que es una manera de tener presente las pérdidas con las que otros han invertido durante más de una década, en capital político. Y así es como les ha ido. Por eso, la indelicadeza política es solo una antesala de la indecencia.

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