LA RECONVERSIÓN DE UNA RUINA.
Justo Pastor Mellado

El miércoles 16 de enero, obreros desempleados de la Comuna de Lota se tomaron la ruta que une Concepción con Lebu para protestar por la supresión de empleos a nivel de planes regionales de combate contra la pobreza. Paradojal decisión de la autoridad respecto de la cesantía que asola la región, como efecto de la situación de cierre de las minas. El combate de la pobreza y el desempleo en esa zona se verifican en un marco general de descontitución simbólica mayor, que comprometen la consistencia de las políticas de reconversión.

A mediados de febrero de 1998, en un diario capitalino apareció publicado un artículo en que se promovía el eco-turismo, bajo la forma de predios agrícolas que podrían ofrecer a familias, condiciones de convivencia cercana con el mundo laboral que representaban. Se discutía, justamente en esos días, sobre planes de reconversión en Lota.

Durante el año 1997, José Balmes, en el Museo Nacional de Bellas Artes, presentó la obra "Lota el silencio". Escribí un ensayo acerca de la reconversión del objeto en el arte contemporáneo. Pero más que nada, advertía sobre la noción misma de reconversión y la ruinificación de una forma de conciencia obrera. La muestra era auspiciada por organismos de gobierno y un centro cultural cercano a la Estación Mapocho. Hubo intentos de retirar mi texto siguiendo el principio de "el que paga manda". Pero como políticos que saben prever los daños de imagen, accedieron a publicar el folleto no sin antes redactar, su directora, una presentación que deslindaba responsabilidades frente a las autoridades auspiciadoras. Pero lo más interesante del asunto es que la autoridad del centro expositor, proveniente de la mejor sociología administrativa, recogía en sus saberes el efecto de la enseñanza de Touraine. Y lo que ocurre, de manera diagramáticamente ejemplar, Es que el propio Touraine se conquista la fama de sociológo administrativo, realizando la primera gran investigación sobre "conciencia obrera", en Huachipato y Lota. O sea, justamente, cuando tiene lugar la última gran huelga minera: abril-mayo de 1960. Solo se puede hablar de "conciencia obrera" como ruina histórica. Eso Touraine siempre lo supo. Lo exacto de las relaciones transversales es que en ese tiempo comienza a gestarse la política de apoyo de un cierto empresariado, entre los que se cuentan algunos directores de CAP (Huachipato), hacia el desarrollo del arte contemporáneo en su reconversión oligarca. Es así como nace, algunos años más tarde, la famosa Sociedad de Amigos del Museo de Arte Contemporáneo.

No deja de ser curioso cómo coincide la edición de un trabajo sobre la ruinificación de la conciencia obrera y los primeros intentos de reoligarquización de la plástica chilena. A ello se le debe agregar la fundación de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, como gesto académico garantizador de la reconversión ya mencionada. De ese lote era Toral. Para que nos ubiquemos en la historia. Y Antúnez. ¿Cuál era el objetivo? Levantar un referente alternativo en contra de la "pintura plebeya" de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, que era el "lugar decisorio" del arte contemporáneo, en la coyuntura intelectual de mediados de los sesenta.

Es preciso recordar este mapa de relaciones institucionales a la hora de reponer en circulación la reflexión -una reflexión política-, sobre el objeto en el arte chileno. Más aún, cuando la ruinificación de la conciencia obrera tiene su corolario en la introducción, al mercado de antiguedades de ese tiempo, de lámparas de carburo de los mineros "de antes"; o sea, de los que morían en las explosiones de gaz grisú de "más antes" todavía. Esos "nuevos objetos" vendrían a decorar las chimeneas de la reoligarquización paternalista del interiorismo chileno "progre", junto a unos cacharritos de Quinchamalí y unas xilografías de Santos Chávez. Es justamente aquí, que encaja, la historia de Toral sobre los encajes, para fundamentar las relaciones entre "alta" y "baja" cultura, en el contexto generado por la Promoción Popular (1964).

Entonces, a propósito de la pintura de Balmes, hablar de todo esto era municipal y ministerialmente inoportuno para las autoridades culturales de 1997, que se vieron obligadas a escribir una presentación que los dejaba libres de la responsabilidad de haber "acogido" un texto que ponía en evidencia el cierre del circuito simbólico de la sociología admistrativa de los sesenta, "gurú" incluído.

¿Para que plantear todo lo anterior? Para, justamente, poner en perspectiva la lectura paródica de la narrativa de Baldomero Lillo. Lo único que faltaba, para terminar de arruinar la "conciencia obrera", era que los piques de la mina se convirtieran en un "museo de sitio", pero asignados más bien por la "fantasilandización" de las precarias instalaciones. Lo dramático de esta historia es que, efectivamente, se implementó un proyecto, que forma parte hoy dia del circuito turístico de Lota. Y se llama ¡el Chiflón del Diablo! Entiendo que se trata de un proyecto … de reconversión. Bien por quienes allí tienen trabajo. Pero eso no debe encubrir la reconstrucción de la historia …¿del carbón? Perdón: ¿por qué no hablar de la historia del minero? Siempre, o la historia la escribió Cousiño y su Cía de relatos o la historia la escribió ENACAR. Que bien: esperamos una "historia de Lota", que dé cuenta de su estratificación aristotélica, por no decir, danteana.

En efecto: si para debajo de la tierra, Baldomero Lillo es convertido en guionista de una escena de banalización de la ruina, sobre la superficie se levanta, triunfante, el diseño del parque, realizado por un paisajista inglés especialmente contratado. La industria de la banalización produce sus frutos, al reproducir inconcientemente en la superficie la postura de su genotipo de base. Si en el "Chiflón del Diablo", guías de rasgos proletarios introducen al visitante en el pique habilitado, en el parque en cambio, señoritas de rasgos decididamente "occidentales", vestidas con trajes de época, resueltamente victorianos, relativos probablemente al tiempo de doña Isidora, guían a los visitantes por los caminillos, estanques y piletas.

La política de reconversión tiene en esta fábula la expresión de su mayor consistencia: la memoria obrera solo puede ser representada en una maqueta que termina por desconstituirla en su nivel más elemental; el nivel simbólico.

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