LA
RECONVERSIÓN DE UNA RUINA. El miércoles 16 de enero, obreros desempleados de la Comuna de Lota se tomaron la ruta que une Concepción con Lebu para protestar por la supresión de empleos a nivel de planes regionales de combate contra la pobreza. Paradojal decisión de la autoridad respecto de la cesantía que asola la región, como efecto de la situación de cierre de las minas. El combate de la pobreza y el desempleo en esa zona se verifican en un marco general de descontitución simbólica mayor, que comprometen la consistencia de las políticas de reconversión. A mediados de febrero de 1998, en un diario capitalino apareció publicado un artículo en que se promovía el eco-turismo, bajo la forma de predios agrícolas que podrían ofrecer a familias, condiciones de convivencia cercana con el mundo laboral que representaban. Se discutía, justamente en esos días, sobre planes de reconversión en Lota. Durante
el año 1997, José Balmes No deja de ser curioso cómo coincide la edición de un trabajo sobre la ruinificación de la conciencia obrera y los primeros intentos de reoligarquización de la plástica chilena. A ello se le debe agregar la fundación de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, como gesto académico garantizador de la reconversión ya mencionada. De ese lote era Toral. Para que nos ubiquemos en la historia. Y Antúnez. ¿Cuál era el objetivo? Levantar un referente alternativo en contra de la "pintura plebeya" de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, que era el "lugar decisorio" del arte contemporáneo, en la coyuntura intelectual de mediados de los sesenta. Es preciso recordar este mapa de relaciones institucionales a la hora de reponer en circulación la reflexión -una reflexión política-, sobre el objeto en el arte chileno. Más aún, cuando la ruinificación de la conciencia obrera tiene su corolario en la introducción, al mercado de antiguedades de ese tiempo, de lámparas de carburo de los mineros "de antes"; o sea, de los que morían en las explosiones de gaz grisú de "más antes" todavía. Esos "nuevos objetos" vendrían a decorar las chimeneas de la reoligarquización paternalista del interiorismo chileno "progre", junto a unos cacharritos de Quinchamalí y unas xilografías de Santos Chávez. Es justamente aquí, que encaja, la historia de Toral sobre los encajes, para fundamentar las relaciones entre "alta" y "baja" cultura, en el contexto generado por la Promoción Popular (1964). Entonces, a propósito de la pintura de Balmes, hablar de todo esto era municipal y ministerialmente inoportuno para las autoridades culturales de 1997, que se vieron obligadas a escribir una presentación que los dejaba libres de la responsabilidad de haber "acogido" un texto que ponía en evidencia el cierre del circuito simbólico de la sociología admistrativa de los sesenta, "gurú" incluído. ¿Para
que plantear todo lo anterior? Para, justamente, poner en perspectiva
la lectura paródica de la narrativa de Baldomero Lillo En efecto: si para debajo de la tierra, Baldomero Lillo es convertido en guionista de una escena de banalización de la ruina, sobre la superficie se levanta, triunfante, el diseño del parque, realizado por un paisajista inglés especialmente contratado. La industria de la banalización produce sus frutos, al reproducir inconcientemente en la superficie la postura de su genotipo de base. Si en el "Chiflón del Diablo", guías de rasgos proletarios introducen al visitante en el pique habilitado, en el parque en cambio, señoritas de rasgos decididamente "occidentales", vestidas con trajes de época, resueltamente victorianos, relativos probablemente al tiempo de doña Isidora, guían a los visitantes por los caminillos, estanques y piletas. La
política de reconversión tiene en esta fábula la
expresión de su mayor consistencia: la memoria obrera solo puede
ser representada en una maqueta que termina por desconstituirla en su
nivel más elemental; el nivel simbólico. | |||||||||||||
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