LUISA
ULIBARRI Y LA CONSECUENCIA PROGRAMATICA DE LA GALERIA GABRIELA MISTRAL. Si
es posible plantear hoy día la existencia de un bloque de obras
emergentes que han redefinido las coordenadas del campo plástico
en la última década, ello ha sido efectivo, en gran parte,
por la existencia de la galería. Mantener un proyecto de esta envergadura,
durante diez años, navegando en los meandros ministeriales, conociendo
la situación chilena, no ha sido cosa fácil. Sobre todo
cuando su fundadora y principal impulsadora, Luisa Ulibarri En una Dirección de Cultura de un Ministerio de Educación marcado por el "énfasis educativo", sostener una programación de arte contemporáneo significaba abrirse a los desafíos que planteaban las obras plásticas más relevantes de la escena chilena. El trabajo de la oposición democrática durante los últimos años de la dictadura había logrado convertir en "plástica oficial" una imagen neo-expresionista que facilitaba la banalización de las prácticas de arte más radicales del período. La aparición de la galería Gabriela Mistral significó, por sobre todo, remontar la línea del reduccionismo populista en artes visuales, acogiendo aquellas obras que fortalecían la filiación del conceptualismo caliente de los ochenta. De tal manera, tampoco se puede hablar de la marca objetualista como de la impronta crítica en la pintura de este último tiempo, sin referirse a la programación de la galería. Ciertamente, una programación puede poseer altos y bajos. Sobre todo en el transcurso de una década. Pero es un logro histórico que se mantenga como política curatorial. No hay exposición de artistas chilenos emergentes de cierta relevancia, ya sea en proyectos autónomos como en el marco de bienales y exposiciones institucionales, que no exhiban en su curriculum el haber expuesto en Gabriela Mistral durante este último período. A ello se debe agregar la constitución consecuente de una línea editorial de catálogos. No es común poder presentar, al cabo de una década, la memoria textual y visual de un bloque de obras que se ha configurado en el respeto formal a una filiación de obras radicales. Más aún, cuando se sabe que en ausencia de ediciones críticas sobre artes visuales, el soporte catalogal ha sido la plataforma editorial de la polémica plástica en esta coyuntura. Luisa Ulibarri trabajó en la División de Cultura desarrollando "obra dura" de gestión. Viajó a Francia para perfeccionarse en administración de instituciones culturales, manteniendo siempre una visión muy certera e informada sobre el desarrollo de la escena plástica. No siempre coincidimos. En ocasiones, nos enfrentamos en ásperas polémicas, que nunca llegaron a afectar el respeto mutuo que ambos experimentamos por el trabajo de cada uno. Es este respeto el que me compromete a señalar, hoy día, la importancia que su trabajo ha tenido en la constitución de este bloque de obras del que he hablado. Bloque que nos permite plantearnos políticas de expansión exterior, justamente, porque tenemos obras emergentes de gran consistencia. Recuerdo
que en 1998 la galería Gabriela Mistral se presentó en la
Feria de ARCO-98, en la sección destinada a instituciones que podían
exhibir experiencias relevantes en la promoción del arte contemporáneo.
La galería no solo demostraba, en provecho del propio Gobierno,
que no solo promovía sino que intervenía en la constitución
propia del espacio plástico emergente. En efecto, tenía
un activo a su favor. Fue la ocasión de un momento de evaluación
de un período largo, en cuyo decurso debe ser citado el trabajo
de asistencia curatorial de Cristián Murillo La
estrategia curatorial de la galería se fue armando gracias al aporte
de innumerables artistas y críticos, con quienes Luisa Ulibarri
discutía y consultaba permanentemente, manteniendo sin embargo
un criterio de conducción personal, curatorial, autoral, responsable
en sus decisiones. Entre los hitos más importantes de esta estrategia
se deben contar las exposiciones de Regina Silveira Hay otro elemento a considerar, y no deja de ser fundamental. Es el hecho de que gran parte de los proyectos exhibidos, provenían del FONDART. Esto no quiere decir que la Gabriela Mistral era la galería del FONDART, sino tan solo que sus proyectos estaban avalados por una decisión institucional que, contra el deseo de muchos, implicaba una apuesta por las obras contemporáneas. Esto menciona el hecho de que en el momento de redactar sus proyectos, los artistas pensaban en la Gabriela Mistral como el referente espacial de su validación. En
el momento de revisar su programación, habrá que señalar
algunos hitos. Por ejemplo, "Rota", de Juan Domingo Dávila ¿Qué
quiero decir con esto? Que Gabriela Mistral operó como laboratorio
de un cierto número de obras que luego tuvieron inscripción
externa. ¿Qué decir de la obra de Alicia Villarreal? Exponer
en Gabriela Mistral fue un momento clave para el reconocimiento interno
de su trabajo. ¿En que otro lugar podría haberlo hecho?
O bien, Gabriela Mistral ha permitido que algunos artistas pasen revista
a sus opciones formales y cierren un trabajo, un período, como
en el caso de Nury González, con "Tránsitos Cosidos".
¿Y qué decir de "Quadrivium", de Gonzalo Díaz"?
¿Y del montaje visual para el décimo aniversario de Revista
de Critica Cultural, dirigida por Nelly Richard Entonces,
no era de extrañar que Agustín Squella | |||||||||||||
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