MAPA DE LAS ARTES: SAO PAULO / SANTIAGO (II).
Justo Pastor Mellado

Sao Paulo se transformó en un campo de batalla. Se declaró una guerra por las ocupaciones de áreas urbanas enteras, por el control de la infraestructura, de las instituciones y de los espacios públicos. Estas tres frases provienen del texto inicial que presenta la nueva versión del proyecto Arte/Cidade (Arte /Ciudad) y que tiene lugar en Sao Paulo en el mismo momento que se abre la XXV Bienal.m

La quinta versión de Arte/Cidade ya estaba prevista para esta fecha. La XXV Bienal fue aplazada varias veces. El hecho es que Arte/Cidade y la Bienal coinciden en una misma escena. El espacio brasileño de arte se transformó en un campo de batalla. No se trata de pensar si dicho espacio antecedió las batallas por la reocupación urbana. Pensaré que solo se resuelve como síntoma anticipativo de una crisis de construcción de la ciudad. Por eso, Sao Paulo es fascinante. Por lo ominosa. Porque prefigura los efectos de las modernizaciones fallidas, que nosotros, los chilenos, tuvimos que soportar como reproducción defectuosa del "milagro brasileño".

Brasil, ha sido el referente: tanto para la doctrina de la seguridad nacional como para la economía de mercado, en sus momentos iniciales. Chile le ha devuelto con creces una estrategia de capitulación crítica. Ricardo Lagos y Fernando Henrique Cardoso se conocen desde fines de los sesenta, cuando Cardoso inventa la ficción literaria de la "teoría de la dependencia". Lagos no había inventado ninguna ficción todavía: solo era Secretario General de la Universidad de Chile. Pero hoy, ambos son los eminentes operadores de la "teoría de la gobernabilidad", a como dé lugar. Lo que las ciencias sociales de los sesenta pudieron representar como acto ético, sus operadores más significativos, en el dos mil, ya no representan sino la proyección de unas vanidades grupales convertidas en proyectos de Estado. Esto es, presentifican la defección de las ciencias sociales en su instancia patética.

Desde hace un tiempo a esta parte, he sostenido que las obras chilenas de los ochenta, en su potencial crítico, han pasado a ocupar el rol que las ciencias sociales jugaban en los sesenta. Estan ciencias se habían separado de la literatura social para describir las contradicciones sociales. Una vez constituídas y consolidadas como disciplinas presupuestarias, pactaron su futuro como PYMEs del control de los movimientos sociales. En este sentido, es lógico entender que no puede haber en Chile un consistente proyecto de institucionalidad cultural, porque la obras visuales ya le han señalado a toda comisión presidencial o ministerial posible el alcance de la impostura que los sostiene.

Vuelvo al mapa brasileño: las ciencias sociales han llegado al gobierno. Por fin. Pero Sao Paulo es solo un síntoma que anticipa los diagramas de las batallas futuras. Por ello sostengo que, en ese mapa, las verdaderas Iconografías metropolitanas (proyecto conceptual de la XXV Bienal), se verificaban de manera más precisa en Arte/Cidade, y no precisamente en términos iconográficos, sino diagramáticos.

En ese sentido, una obra como la que presentó Pablo Ribera, en la XXV Bienal, probablemente hubiera tensado su eficacia en Arte/Cidade. De ahí que escoger la obra de Pablo Rivera para "representar" a Chile en la XXV Bienal, fuese un riesgo. Primero, por que no "representa" a Chile, en sentido estricto. No hay extensión parlamentaria en esta opción. Segundo, porque su diagrama hace pensar de inmediato en al obra de Sol Lewitt. De ahí que, los lectores rápidos pensaran, "¿qué viene a ser un remake de Sol Lewitt" en esta Bienal? Bueno, cada lector "lee" como (se la) puede. Y hay muchos, que no. Lamentable, pero no sobrepasan el niel uno de la literalidad.

En el campo de batalla de la bienal, la obra de Pablo Ribera es un gesto anti-concretista, llevado a la capital misma del concretismo. La obra se titula The golden dream. En buen chileno, remite al sueño de la casa propia. Pero no. Más bien señala la realidad de la puesta en condicionamiento de los cuerpos, en la socialidad chilena, bajo el eufemismo "vivienda básica". Esto significa ensuciar el modelo del minimalismo (de primer mundo) con el peso de la disposición antropológica (de tercer mundo). La obra de Pablo Ribera, ni siquiera es una máquina de guerra; sino tan solo una estructura indicativa del malestar de habitar. Tan solo señala el lugar de una fisura en los planes de construcción de la ciudad como posibilidad de la política.

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