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MAPA
DE LAS ARTES: III BIENAL DE LIMA (IV).
Justo
Pastor Mellado
El
miércoles 17 de abril fue inaugurada la III Bienal de Lima. Para
entender el mapa de las artes en el Perú, repetiré una afirmación
que sostuve cuando analicé la II Bienal de Lima, en una crónica
para ArtNexus. Existe un triángulo referencial para establecer
las coordenadas del arte peruano contemporáneo: Luis Lama ,
Gustavo Buntinx
y Natalia Majluf .
El primero es director del Centro de Artes Visuales de la Municipalidad
de Lima y ha tenido la responsabilidad de organizar las tres versiones
de la Bienal. El es un viejo conocido de la escena chilena, puesto que
en 1988, siendo director de la sala de exposiciones del Centro Cultural
Miraflores, acogió la exposición de Eugenio Dittborn ,
para la que escribí el texto de un catálogo editado por
Francisco Zegers ,
titulado El fantasma de la sequía. Dicho sea de paso, de
este catálogo ya no existen ejemplares, y, con toda certeza, es
un texto que ha logrado resistir a la usura de la década. El segundo,
Gustavo Buntinx, en 1987 fue curador de la II Bienal de Trujillo, en la
que Carlos Leppe realizó una de sus más significativas performances,
El ruiseñor y la rosa. Pero sobre todo, fue en esa bienal
que se estableció una permanente relación entre la escena
plástica peruana, chilena y paraguaya, puesto que a esa bienal
asistió, también, como curador del Paraguay, Ticio Escobar.
Buntinx es un critico de arte e historiador que no teme asumir el rol
de agitador plástico-político, y como miembro del colectivo
Sociedad Civil, tuvo un rol fundamental en el derrocamiento cultural
de la dictadura de Fujimori, poniendo en pie un trabajo de convocatoria
nacional que tomó el nombre de Lava la bandera. Invitado
a Santiago al Simposio Teoría, Curatoría y Crítica
en noviembre del año pasado, realizó una extensa presentación
de dicha experiencia. Hoy día dirige el Centro Cultural de la Universidad
de San Marcos y colabora con la Bienal de Lima. Pero como "viejo
trotskista" de las operaciones visuales, opera de manera "entrista"
con las instituciones, realizando ficciones de paralelismo encubierto
respecto de la Bienal, que en último término, terminan siendo
adecuadas iniciativas que aprovechan el impulso de ´ésta
para organizar exposiciones no antagónicas, que proporcionan una
visión mucho más compleja y rica de la actual escena peruana.
La tercera parte de este triángulo de las artes es Natalia Majluf,
curadora general del Museo de Arte de Lima. De sólida formación
en historia del arte, posee una clara línea de investigación,
produciendo los más lúcidos estudios sobre la identidad
plástica peruana del siglo XIX. El éxito de este trabajo
solo ha sido posible por su mirada extraordinariamente contemporánea,
fortalecida por el viejo e ineludible método de investigación
bibliográfica, que en el Perú posee algunos cultores que
no se puede dejar de pasar desapercibidos. Investigadores de la talla
de Luis Eduardo Wuffarden constituyen
un ejemplo de trabajo duro en la prospección de archivos. Como
se sabe, poseer una obsesión bibliográfica no sirve de nada
si ésta no se sostiene en una plataforma narrativa consistente.
Y eso tiene un efecto. El Museo de Arte de Lima es conocido no solo por
su acervo o sus exposiciones, sino principalmente por la calidad de sus
ediciones. Justamente, su esfuerzo investigativo más cercano ha
sido la edición del estudio monumental La recuperación
de la memoria: el primer siglo de la fotografía. Perú 1842-1942.
No
exagero si sostengo que el triángulo de personalidades se extiende
a una triangulación efectiva de instituciones, que sin previa concertación,
producen un efecto unitario de avance y de intensificación del
espacio plástico: el Centro de Artes Visuales, la Casona de San
Marcos y el Museo de Arte de Lima. Aunque Buntinx, con la edición
de su proyecto Micro-museo, agrega una cuota adicional de aceleración
y tensionamiento del espacio.
Pues
bien: durante los días 18 y 19 de abril tuvo lugar en la Casona
de San Marcos el coloquio de la III Bienal de Lima. Si revisamos la lista
de los doce participantes, al menos cinco habían coincidido en
Santiago, en noviembre del año pasado. Por cierto, el tema era
practicamente el mismo, solo que con otro título: situación
actual del arte contemporáneo. Es decir: critica histórica
y práctica curatorial. Bajo esta consideración, en cada
una de estas situaciones designadas, hubo dos presentaciones que merecen
mi atención programática. Por una parte, Cuauhtémoc
Medina realizó la presentación y alcance del trabajo Cuando
la fe mueve montañas, que Francis Alys produjo para la III
Bienal, mientras que Marcelo E. Pacheco realizó la brillante presentación
de un corte de la plástica argentina contemporánea, realizado
desde el trato diagramático del concepto jurídico de cuerpo
del delito. Significativa interpelación para mi posición,
puesto que he trabajado desde hace algunos años la hipótesis
sobre la fobia chilena a la representación de la corporalidad.
Lo pondré de la siguiente manera: la ponencia de Medina apuntaba
a satisfacer una necesidad de fundamentar una crítica histórica
desde la práctica artística. El objeto de tal crítica
era el desarrollismo sesentezco que, en las recuperaciones democráticas
fallidas ejerce un poder de encubrimiento orgánico de la pulsión
social como nunca antes ha ocurrido en esta zona. Un gesto que implica
organizar la movilización de un esfuerzo colectivo destinado a
mover, literalmente, una duna, en la periferia de Lima, en medio de un
descampado acorde con la naturaleza del maltrato social que experimenta
la habitabilidad de miles de ciudadanos. El trabajo consistió en
el desplazzamein to de una línea recta de voluntarios que, pala
en mano, avanzaron unos seiscientos metros, para desplazar la tasa mínima
de traslación de una masa de arena. Un esfuerzo máximo,
para un resultado mínimo, como declarara Cuauhtémoc en las
palabras preliminares de fundamentación de la propuesta.
Por su parte, la presentación de Pacheco buscaba exponer un caso
de práctica curatorial como inversión editorial de un corpus
ya conocido. Todas las obras que expuso son suficientemente conocidas,
desde fines de los sesenta en adelante, pero sometidas a un repotenciamiento
de lectura desde esta hipótesis jurídica, re-emergían
en sus efectos de recomposición de un campo analítico. Todo
eso lo puede lograr una práctica curatorial que se sostiene en
la crítica de la historia de las obras y en la constitución
de sus discursos de posteridad.
Lo anterior tiene por objeto, simplemente, describir la alta rentabilidad
que la Bienal de Lima alcanza, en un formato de dimensiones amables, de
sólida visibilidad para las obras y de no menos sólida legibilidad
de los discursos. |