La Falta de Ignorancia

Un amigo mío pronuncia una frase magnífica cuando se trata de comentar un hecho que denota la extrema ingenuidad de alguien, respecto de un tema determinado. Dice: “es por falta de ignorancia”.

Recordé esta frase cuando leí la pequeñísima nota del joven periodista Gonzalo Maier en El Mercurio del lunes 30 de enero. Resulta curioso que en una nota tan pequeña haya dos menciones que bordean la “mala leche”. Veamos: la primera dice relación con la ubicación de las obras de Matilde Pérez, “entre tuberías y ductos de aire acondicionado”. La segunda se refiere a la seguridad de las obras frente a un público no museal.

En cuanto a lo primero, la “falta de ignorancia” del periodista tiene que ver con que no conoce suficientes manifestaciones ni centros de arte contemporáneo. Es común que muchos de estos centros sean industrias reconvertidas en la que la presencia de ductos y tubería de ventilación estén a la vista. Una de las situaciones que se plantea en estos sitios es que las obras deben luchar contra la presencia de dichas instalaciones propias de la gestión espacial de la edificación.

Una cosa es que la muestra esté localizada en un sitio que expresa muy bien el lugar del arte contemporáneo en nuestro país; otra cosa es “denunciar” la falta de respeto de este curador por haber localizado la obra de Matilde Pérez en ese lugar. Lo que Gonzalo Maier no quiso pensar es que la obra de Matilde Pérez está a unos pasos de la entrada a la instalación pictográfica de Camilo Yánez. Lo grave de su nota es que no quiso hacer el trabajo de asociación entre ambas obras, porque no sabe leer un montaje.

En cuanto a la seguridad, yo mismo estaba presente cuando este periodista y el fotógrafo Manuel Herrera buscaban el mejor ángulo para “demostrar” la falla del montaje. La “falta de ignorancia” de estos chicos de la prensa me hace pensar que fueron a buscar una ilustración para una nota que ya estaba prejuiciada.

Cuando hablé con ellos, al advertir la operación casi clandestina en la que estaban, les hablé de la seguridad y del público, en términos de la redefinición del trato de la institución, no desde la noción de “guardia”, sino desde el concepto de Equipo Educativo. En verdad, el público que asiste al Centro Cultural Palacio La Moneda, en su gran mayoría, no es un público de museo. Esto quiere decir que requiere otro trato de parte de la institución de acogida. En efecto, las obras sufren el vandalismo de un público que no está formado para retenerse frente a las obras. Una mirada exige la retracción. Los niños confunden las obras con espacios de juego. Hay que enseñar esas distinciones. Para eso estamos. La institución aborda este problema como corresponde. No pone “guardias”, sino que monta con dificultad una exposición que por si misma es un dispositivo educativo.

¿Gonzalo Maier sabe cuánto hay que trabajar para asegurar el servicio de atención de quince mil personas en tres días? El problema real no son los ductos ni las tuberías. Ese es un pequeño dato que debiera tomar en consideración, antes de comparecer en el sitio como un portador de “cámara indiscreta”. Su modo de comportarse, al producir su investigación, era muy cercana a la actividad de quien “produce” la noticia para ilustrar su propio prejuicio, como ya he señalado.

Habría una tarea para Gonzalo Maier: que se pregunte por qué la obra de Matilde Pérez, en este montaje, debía estar junto a la obra de Camilo Yáñez. Para ello tendría que informarse de lo que es un envío a una bienal, de qué bienal se trata, junto a que artistas internacionales estuvo exhibida la obra de Matilde Pérez, y sobre todo, de las condiciones de armado de una muestra como ésta. Para terminar, tendría que aprender a distinguir un envío de un regreso. Y en ese sentido, comprender el alcance de mi propia frase, publicada en el propio periódico, dos días antes: “El Estado no tiene política exterior de artes visuales”. A pesar de los esfuerzos de la DIRAC. Esto nunca lo señalan. ¡Pero qué va!

Que yo sepa, de parte de su periódico no hubo una sola nota sobre el envío chileno a la 5ª Bienal del MERCOSUR. Si no hubo atención por el envío, es lógico tener que soportar el efecto de la desatención por el regreso. La omisión periodística de una iniciativa de colocación internacional del arte chileno es funcional con la sobredimensión de un incidente de localización fabricado a la medida.

Este incidente tuvo un efecto paranoico en el seno del discurso triunfal del gobierno saliente. Llegó hasta movilizar al gabinete del ministro de cultura. Funcionarios airados llamaron para exigir que la obra fuera cambiada de lugar. ¡Que “falta de ignorancia” en ese gabinete!

This entry was posted in escritos de contingencia and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink.