LA FRONTERA DEL NORTE.

En el trabajo de Teresa Margolles, la convertibilidad de las telas en recubrimiento mural de una edificación veneciana venida-a-menos, está acompañada de una segunda operación, que se verifica a nivel del suelo.  Esta consiste en colocar en cada una de las grandes salas del palazzo un balde de aseo, que contiene una solución de agua y sangre proveniente de personas que han sido muertas en la frontera norte de México. Un operador premunido de una escobillón en cuyo extremo se sostiene un estropajo, se encarga de limpiar el piso a intervalos regulares.

La tercera operación ejecutada en el palazzo ocurre a nivel de fachada. Las banderas de Venecia y de la Comunidad Europea encuadran la bandera de Teresa Margolles, fabricada con un trozo de tela estampada similar a los que se exhiben en el interior del edificio.

La cuarta operación de intervención se verifica en la planta baja, cercana a la salida del recorrido, donde un número suficiente de telas estampadas en lodo seco son sometidas a un proceso rudimentario de humectación.

Finalmente, la quinta pieza corresponde a joyas fabricadas con gránulos de vidrio que provienen de parabrisas rotos por causa  de atentados contra personas que circulaban en vehículos, en localidades de la frontera norte ya mencionada. Durante la exhibición, estas joyas permanecerán en la caja fuerte cerrada del palazzo, incrustada años anteriores en uno de sus muros. Este dato es de relevancia, por cuanto es presumible que dicha caja haya sido instalada en una fecha muy posterior a su construcción, que data a lo menos del siglo. De modo que la ocupación del palazzo y su conversión en  Pabellón de México haya estado sometida a una reglamentación muy estricta sobre el tipo de intervención tolerable en un edificio protegido por la legislación patrimonial italiana. Esto quiere decir que no se puede tocar nada, siendo ésta, la primera de las restricciones que la obra de Teresa Margolles tuvo que sortear, calculadamente.

No solo las telas fueron introducidas en una condición objetual  cuyo estatuto sería transformado por las condiciones de exhibición, sino que el manejo propio del espacio ya estaba sometido al encuadre legal de un edificio patrimonial. Por esta razón he señalado que el encuadre institucional es el primer problema teórico que aborda la obra de Teresa Margolles en Venecia, porque pone en situación de excepción la decibilidad comunicacional de una imagen (de) país.

Ahora bien: el uso de las banderas resulta configurar otro problema, que afecta el rito de la representación de la ciudad. Entre dos emblemas, el europeo y el veneciano, la tela fronteriza de Teresa Margolles comete la infracción de hacerse pasar por estandarte; es decir, se convierte en representante diplomática de los territorios situados en la frontera del norte. De lo menos que puede ser acusada es de usurpación de funciones de una unidad de Estado ficticia, que carece de autonomía en su enunciación. Justamente, Teresa Margolles sostiene la ficción de dicha autonomía, dando curso a la visibilidad de unos residuos de los que nadie desea hacerse cargo. Es decir, de unas manchas que configuran los efectos de sentido que solo pueden adquirir la forma de pinturas objetivas, para  conjurar la angustia ante la muerte.

Lo anteriormente señalado me conduce a pensar en la condición arcaica de la pintura, hoy. Para llevar a cabo mi reflexión quizás sea necesario hacer la distinción entre imaginero ilustrador y pintor, en sentido estricto. Por lo que debiéramos pensar que hay demasiado pocos pintores, en relación a la excesiva cantidad de imagineros. Pintores, en el sentido de que en sus obras ponen en crisis las propias condiciones de pictoricidad de la pintura. Me parece que Teresa Margolles constituye uno de esos casos, en la frontera del norte del arte. Hay que poner atención a la metáfora: frontera del norte. Aquel lugar en que se concentra la contradicción principal de la representabilidad de los cuerpos.

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