DE MORENO GALVÁN A TELEFÓNICA.

Hablar de Papiroflexia y curatoría en el contexto de la Maestría Reina/Autónoma conduce a pensar en los efectos prácticos de un pliegue material, que se ejecuta como el modelo preferencial del trabajo de expansión de una matriz generativa que rechaza, desplaza y disfraza lo mencionado en el título.

Entre los juegos de papel plegado y el diagrama curatorial aparece el concepto de formación.

A propósito de este diagrama, he puesto a circular el concepto del curador como productor de infraestructura; entiéndase, institucional y discursiva; vale decir, puesta en forma de acciones instituyentes y producción de insumos para la industriosidad e ingenio de la escritura de historia. En este marco, sugerí en vano a los estudiantes peninsulares un tema de trabajo sobre un crítico de arte que ellos desconocían. No me encontraba ante historiadores sino más que nada, ante futuros gestores de espacios de arte contemporáneo. El nombre del crítico debía remitirlos a la reconstrucción de la historia de la crítica bajo el franquismo. Así y todo, el nombre de José María Moreno Galván resuena entre nosotros, porque es quien recibe a los artistas chilenos del grupo Signo cuando éstos exhiben en el Madrid de 1962 y se vinculan al Grupo El Paso.

Pero nadie sabe, en el  Madrid de hoy, que José María Moreno Galván es uno de los “inventores” del Museo de la Solidaridad Salvador Allende, justamente en 1972. Necesidad de reconstruir, para la historia de la crítica en lengua castellana, la posición textual de quien he mencionado, como un antecedente que en nuestra zona fue condición de instalación de un cierto número de problemas nuevos, justamente, en los sesenta. Para un gestor de espacios este no puede ser un tema de interés, porque su condición es la preparación  para la fuga, para el despegue, para la inversión, programando la negación de sus antecedentes,  ensayando  nuevas formas de decoración pública.

Me adelanto para señalar que no es posible pensar una relación curatorial recíproca entre un espacio de manejo de la completud y una escena de formación inicial. Nuestra zona será siempre una comarca insostenible que recibirá la programada visita de los agentes de transferencia fuerte provenientes de iniciativas de asistencia técnica por paquete completo. Habrá que hacer la distinción, otra más, entre agentes de transferencia y operadores de inversión; nada más para verificar que ésta reside solo en los manejos presupuestarios del tiempo. Si la comisión es de largo plazo en tierras extranjeras, hablaremos de transferencia; si la misión corresponde a un viaje relámpago, para surtir actividades diversas dictando conferencias que comentan libros que la superficie de recepción no conoce, entonces estamos frente a un viaje de promoción. No alcanza ni el tiempo ni el estiramiento metodológico para superar las restricciones de una visita operativa.

A la hora de diseñar las políticas de visitadores médicos, las agencias gubernamentales de Estados con musealidad completada establecen listas para viajes de distribución de inversiones destinadas a montar la ficción de una política exterior de las comunidades autonómicas, que requieren manejar las condiciones de retorno destinadas a asegurar los mercados secundarios. Es así como se forja la asistencia técnica en el terreno no-mecanizado de las artes visuales. Los espacios institucionales hispanoamericanos incompletados proporcionan yacimientos secundarios para ensayar formas de sobrevivencia institucional en la península. Esta es la mayor prueba del éxito que tiene el retorno simbólico efectivo de dichas inversiones discursivas.

Habrá que pensar en lo que era la escena madrileña, o la escena catalana, o la escena valenciana, al momento en que Moreno Galván es invitado a Chile por el gobierno de Salvador Allende. ¿Es posible hablar de escena en esos términos, bajo el franquismo? Quince años más tarde, el ministerio de cultura del PSOE montó la operación Chile vive, que exhibió en el Círculo de Bellas Artes. Habían bastado quince años para recibir los primeros efectos reconstructores de “la máquina española”. De Moreno Galván nunca más se supo. El Estado español pagó los pasajes de todos los invitados chilenos, para introducir el principio de la reciprocidad  en la telefonía y en el manejo de las aguas.

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