DISCURSO
DE RECEPCION Lo que escucharán a continuación será un breve discurso de recepción. Este gesto corresponde al punto de partida de una empresa de bienvenida, lo que hace suponer que vuestro ingreso es altamente celebrado por quienes tenemos por tarea, recepcionarlos. Por
cierto, nos instalamos en condición de dueños de casa y nuestra
obligación es delimitar, desde la partida, un campo de operaciones para
nuestras futuras relaciones. Una escuela de arte forma parte de dos espacios institucionales: la universidad y el sistema de arte. Su adscripción universitaria es un fenómeno reciente. En Chile, la enseñanza superior de arte está sancionada desde 1932 con el paso de la Academia de Pintura a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. En otros paises, como Francia, por ejemplo, la enseñanza universitaria de arte data solo desde 1968. Sin ir más lejos, esta escuela, la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica, data de 1959. Sin embargo, ya existían, antes de esa fecha, espacios de enseñanza de arte al interioir de la universidad. Solo que no habían sido integrados en un proyecto de transmisión coherente del conocimiento artístico. Pues bien: a partir de 1959, en la Universidad Católica, parece haber una intención programática por instaurar un modelo de enseñanza. Dicha intención parece estar refrendada en la voluntad de vincular el quehacer inicial de la escuela, a la enseñanza del Bauhaus. Al menos, eso es lo que se nos ha dicho. En verdad, si uno lee el programa del primer curso, se encontrará con la plasmación de un cierto consenso sobre lo que debe ser enseñado a un estudiante; pero dicho consenso es un acopio de buenas razones que expresan el nivel de acuerdo alcanzado por los profesores que dictan dichos cursos, de acuerdo a exigencias que son las que corresponden, más bien, a un taller privado. Han de saber ustedes que la inscripción de otros conocimientos en el aparato universitario ha obedecido, en un primer momento, a la instalación y reconocimiento académico de una iniciativa de orden personal, que con el tiempo ha sido convertida en un dispositivo de transmisión académica altamente calificado. Pero las historias iniciales son historias de la validación universitaria de una iniciativa personal. Al cabo de cuarenta años de historia, la Escuela de Arte ha logrado instalarse como un dispositivo de transmisión complejo, cuya legitimidad proviene de un tipo de reconocimiento orgánico también complejo al interior de la propia universidad, y cuya presencia en la formación de la escena plástica chilena está directamente relacionada con la potencia autoral de sus egresados- artistas. Esto quiere decir que no todos los egresados de esta escuela han de ser, obligatoriamente, artistas. Esta escuela no proporciona un diploma de artista, sino un diploma de estudios superiores de pre-grado, denominado Licenciatura en Artes. Que les quede claro: esto no es un título profesional. Otra cosa es la profesión de artista. En una escuela ustedes tendrán que cumplir con el protocolo exigido por la rejilla de cursos y las condiciones de evaluación allí planteadas. De esta manera, nadie viene aquí para expresar unos ciertos "sentimientos" o porque dibujaba bien en el colegio. Se viene a este lugar, por si no se habían enterado, a adquirir un conjuntos de conocimientos sobre el arte en general, como una especie de base mínima de negociación que les permita producir su lugar social. Esto significa que cada uno de ustedes, en este marco, debe experimentar bajo nuestra conducción, una estrategia de permanencia institucional. Esto
no es la extensión del colegio. Es más bien, un espacio de transición
existencial altamente regulado. Pero persistirá en ustedes el deseo estructural
de ser tratados como colegiales. Finalmente, ingresan a la última sección
de manutención familiar y deben responder atinadamente a los esfuerzos,
ya sea deseosos o resignados, de vuestros padres. Recuerden que estamos aquí
para que dicha restitución se realice en los mejores términos posibles,
pero con un grado de des-escolarización creciente. Lo académico es un estatuto de productividad en lo que a conocimiento se refiere. Estamos hablando de conocimiento del arte. ¿De qué arte se trata? De lo descrito por el programa de Licenciatura en Arte. Sin más. Y en este programa la enseñanza no se organiza a partir de los oficios del pintor, del escultor, del grabador o del fotógrafo. Entonces,
que les quede claro, no vienen aquí a aprender técnicas. Sin embargo,
hay un conjunto de cursos instruccionales que resolverán cuestiones relativas
a eso que se suele llamar "técnica" u "oficio". Se
necesita de una nueva concepción de tecnología artística
cuando en el arte contemporáneo se puede hacer arte con cualuier cosa,
con cualquier material. Quienes tienen la culpa de esto son las vanguardias históricas.
Existe, incluso, una posición que culpa de manera específica de
esto, a un solo artista.
Pues bien: una escuela de arte que trabaje en la transmisión de un conocimiento
destinado a habilitar la reproducción del arte-en-general es una escuela
que inicia a sus estudiantes en esta especie de nuevo género estético,
produciendo no ya grabadores, pintores, escultores, sino simplemente artistas
en sentido estricto; artistas susceptibles de convertirse en profesionales, pero
sin un oficio específico. Esto significa afirmar un estatuto académico
de una escuela post-duchampiana sin otra tradición que las convenciones
que hacen operar el mundo del arte desde Duchamp en adelante. De otro modo, estaríamos
reproduciendo el modelo de una escuela de arte anacrónica. No me cabe duda
que por lo general, las escuelas de arte reproducen el anacronismo que las sostiene,
alimentando a sabiendas la precariedad del sistema de arte en Chile. Esto se agrava por el hecho de que no siempre han existido las escuelas. Y con ello les hago saber que no es poca la gente en Chile, que prefiere el anacronismo en la formación artística, porque de esa manera le restan espesor institucional al sistema de arte, en provecho de la fragilización constante de este tipo de producción simbólica. Como verán, ponemos el énfasis en las cuestiones relativas a la transmisión. Los historiadores del arte pueden transmitir una tradición, porque básicamente se remiten a una historia escrita. Pero para que los artistas transmitan una tradición, lo que hacen a menudo es transmitir la tradición de un oficio. Esa es la base del anacronismo. Como no estamos en esa, nuestra preocupación es la de configurar una enseñanza en que la tradición, pero sobre todo la tradición del arte moderno, pase principalmente por el "hacer". Entonces, ¿cómo hacer que una tradición pase de un "hacedor" a otro "hacedor"? Una escuela de arte no anacrónica trabaja en la especificidad siguiente: artistas confirmados (los profesores) se dirigen, a través de la palabra, mediante demostraciones, por su actitud, por todos los medios que se juzguen convenientes, a unos artistas en formación (los estudiantes), y, que estos últimos, le devuelven, les retornan las cosas que han realizado. Esto es muy impoirtante: la devolución se ajusta al protocolo de unos talleres específicos organizados por una voluntad de conducción pedagógica específica. Una parte importante del trabajo de escuela es la producción de dicha organización. Pues bien; el diálogo al que me refería se instala a partir de esto: en el hecho de que estos profesores son artistas; es decir, en el hecho de que hacen cosas que conllevan un destino universal; y, porque estos estudiantes, artistas en formación, son gente que están aquí para aprender lo que significa hacer cosas que conllevan un destino universal. Diálogo que se realiza, por cierto, en el seno de un acuerdo universitario; es decir, ética y académicamente garantizado. Estas cosas, bien hechas o mal hechas, plasticamente logradas o no, realizadas en este marco regulado de diálogo universitario, son obras de arte, y quienes las producen, son artistas en formación. Podemos llamarlas, obras de arte incipientes, pero son obras de arte. En este sentido, cuando se pregunten para quien trabajan, cuando se planteen a quien están dirigidas estas cosas de proyección universal, la única respuesta es la siguiente: trabajan para satisfacer un acuerdo de formación. El acuerdo de formación se sostiene en la reproducción de la tradición ligada al "hacer". Un "hacer" que es, antes que nada, una manera de comprender cómo se produce, cómo circula, la información sobre arte. Y que esa información se valida solo en la medida que se convierte en elemento de construcción de obra plástica, bajo la conducción de aquel cuya función será, básicamente, la de delimitar el campo en el cual dichos elementos van a operar. El trabajo de una escuela consistirá, pues, en producir cotidianamente esta transmisión de artista a artista; es decir, de profesor-artrista a artista-en-formación. Este es el modelo de referencia: la transmisión. Pero lo que está en juego no es la relación de un emisor hacia un receptor, sino la de un habilitador hacia un habilitante. Esto es muy importante, porque nuestro propósito no es proporcionar un diploma de artistas, sino producir una formación de artistas. El hecho que este estudiante en formación se convierta efectivamente en un artista profesional depende de otros factores, entre los cuales, por cierto, la enseñanza superior es uno de ellos. Esto, no deseo dejar pasar esta cuestión; esto, repito, introduce la pregunta por el lugar de las escuelas de arte en el sistema de arte. Más aún: el rol de una escuela universitaria de arte. Lo propio de esta escuela es, al respecto, producir habilidades para la habilitación artística. Las habilidades son conceptuales, no son ni exclusivamente técnicas ni exclusivamente instruccionales. La única garantía de que esas habilidades sean conceptuales, en un sentido post-duchampiano, es que la habilidad adquirida sea el efecto de cruce de un habla que circule entre la lectura, el método y el análisis constante del "hacer". Y es en el curso de estos meses venideros que iremos precisando, con mayor pertinencia que hoy día, lo que entendemos por lectura, lo que entendemos por método, lo que entendemos por análisis: es decir, lo que entendemos por "hacer" en una escuela de arte, estricta. Sean bienvenidos. | |||||||||||||
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