El próximo mes de mayo tendrá lugar en buenos aires la feria de arte contemporáneo conocida como ARTEBA. el año pasado, solo una galería chilena emergente asistió. Pero en la escena interna, de esa galería, no se volvió a hablar. es una lástima. pero no hubo ninguna galería institucional chilena. o sea, la única que posee pretensiones internacionales y que sin embargo, no tiene empacho en presentarse en la feria art bassel de Miami, con el apoyo de la Dirac. Entonces, ¿dónde queda la prioridad de intervención con las escena directamente limítrofes? de seguro, ahora Miami es una vecindad extremadamente próxima para el arte chileno, justamente, porque el ministerio de educación/consejo nacional de la cultura están presentes en un kiosco de promoción de material impreso. Siendo que en Buenos Aires, escena de privilegio, no alcanzamos ni siquiera para un stand.
¿Qué definiría el privilegio?. ¿Los intereses de la Dirac?, ¿la arbitrariedad sin orientación estratégica de Claudia Zaldivar?, ¿la desorientación programática del Consejo Nacional de Cultura en artes visuales?
De aquí surge una pregunta: ¿a quién le corresponde producir presencia internacional desde el estado? ciertamente, la Dirac está siendo sobrepasada por galería Gabriela mistral que, al parecer, monta la superchería de sostener política interna y política exterior. ¡Vaya! ¡Todo un pequeño ministerio! las oficinas subordinadas de un ministerio parecen imponer con suma facilidad sus deseos a direcciones de mayor jerarquía de otro ministerio.
Entonces, lo interesante de ARTEBA es que, siendo feria, tiene rasgos de bienal. Justamente, porque en el cono sur no ocurren las mismas cosas que en Miami, como mercado subsidiario. la galería Gabriela Mistral, en Miami, no cumple con aquello que la justifica: fortalecimiento de la escena interna. Las escenas locales no dependen de Gabriela Mistral para existir. La sobrepasan en consistencia e iniciativa. De ahí que ante el fracaso de un montaje interno, deba salir a viajar para traer de vuelta la legitimación que acá no consigue. ¡Con un kiosco! pero lo hace, no para difundir afuera el arte chileno, sino para fortalecer la posición interna de su directora.
En ARTEBA la interlocución es más compleja. Hay que tener cuerpo de obra. Es decir, política de cuerpo. Para entender que vale más asistir a una feria con rasgos de bienal, porque las complicidades se tejen en otro nivel, en un sitio en el que al menos, hay un coleccionismo de arte contemporáneo que puede resultarnos ejemplar conocer. Para eso se requiere llegar con algo más que un kiosco.
Sin embargo, la pregunta vuelve a plantearse: ¿le corresponde a galería Gabriela Mistral sustituir a la Dirac? ¿Tan frágil es la Dirac que no puede evitar que galería Gabriela Mistral invada su esfera de influencia? ¿O es que la Dirac no es más que una administradora de iniciativas privadas que esperan ser validadas como iniciativas públicas? complejo asunto.
Ahora que se instala una nueva administración, sería oportuno que situaciones como éstas se resolvieran para no dilapidar los escasos recursos de que se dispone para “difusión” de artes visuales.
Como curador del envío a la 5ª bienal del MERCOSUR, solicité apoyo al consejo nacional. Solo obtuve tres pasajes aéreos Santiago-Porto Alegre. Se me dijo que no podían apoyarme más que eso, porque a esa bienal, el Estado de Chile no había sido formalmente considerado. Debo aclarar que hay solo dos bienales en el mundo que invitan formalmente a la cancillería a participar en la designación del artista: Venecia y Sao Paulo. Incluso, en esta última versión, en Sao Paulo no habrá representaciones nacionales. El caso es que no le habían pedido a ningún organismo de estado que participara organizando el envío. De tal modo, esto quedaba como una iniciativa privada mía. !Vaya! en esta iniciativa se exponía una veintena de artistas, con obras específicas, no con kiosco de documentos. Me pregunté, al saber la fábula de Art Bassel y Galería Gabriela Mistral, si esta feria tenía algún tipo de acuerdo-marco con el estado de chile. Guardemos las proporciones. El Consejo Nacional de Cultura es más papista que la Dirac.
En esta medida, el propio consejo parece no tener claridad alguna acerca de la distinción entre feria y bienal. Al menos ello sería necesario para combinar esfuerzos consistentes de intervención. Ya que borra con el codo lo que escribe con el puño. Es así como en marzo del 2005 convoca a un Seminario sobre Critica y Curatoría, en que se discute el “tema emergente” de las bienales. Invitan a dos especialistas extranjeros, pero lo que asombra es la posición de los participantes nacionales. Ninguno quiso tomar la responsabilidad de instalar seriamente un debate, porque ninguna de las instituciones de las provenían, estaban seguras de controlar una iniciativa de esa envergadura. Táctica del perro del hortelano.
A propósito de lo anterior, recupero de la revista minotauro digital, el fragmento de una entrevista que Ignacio Vleming realiza a Juana de Aizpuru, galerista madrileña, la que sostiene unos propósitos que nos podrían resultar ilustradores: “las ferias van dirigidas, como he dicho, a los coleccionistas y amantes del arte y sirven también para que su numero se vaya ampliando cada vez más.
Por el contrario, las bienales no son solamente unos eventos artísticos, sino también sociales y se presentan así con el fin de que incidan más directamente sobre la sociedad de la ciudad donde se realizan. Van dirigidos a promocionar esa ciudad, a darle una imagen cultural, a atraer el turismo cultural que hoy día es muy amplio, por eso las bienales no se realizan solo en un espacio, sino que reparten sus actividades por toda la ciudad donde tienen lugar, siendo los eventos culturales que se organizan paralelamente de muy distintas características: música, diversas exposiciones, intervenciones en la calle, conferencias, teatro etc.”.